Me siento a observar el mundo

desde una rama de la ceiba.

Miro los días pasar y me inspiro en ellos.

Adivinando que surco tomar

para perpetrar la más grande utopía

que me queda por lograr.

No lleva mucho consigo,

a su lado está la musa que le mira a los ojos

y seca la gota de sudor.

Un bolsillo rebozado de esperanzas

y un mañana tejido de amor.

Estrofas tomadas del poemario

Poemas de un Güije travieso enredado entre las hojas de un tabaco



miércoles, 24 de agosto de 2011

Inocencia




Unos ojos diminutos como dos cuentas de azabache llenos de un brillo travieso y peculiar. Aquellos ojos que hacen resaltar aquellas dos caritas inocentes y bellas detrás de aquel escondite.

La inocencia es maravillosa,  yo les descubrí y ellos ni se percataran aun.
  • Que habrán hecho aquellas dos caritas tiernas para estar escondidos en el tanque de la vieja.
Mi niño que tan tranquilo me mira sin saber que yo le he descubierto. El se siente invisible dentro de aquel inmenso  tanque.

Aquel tanque ya casi oxidado por fuera, el que mi vieja suele pintar cada año por dentro, para así mantenerlo un año más. Allí está mi niño junto a su primo Manuel, que  tranquilos están los dos, como si esperaran un gran momento.

Si mi vieja les viera allí, gritaría desaforada y dirá que allí almacena el agua para la cocinar, diría mucho más, hasta me la puedo imaginar. 
  •           Están comiendo de lo que pica el pollo estos chiquillos y tu serás guanaja o qué…? 
Gritaría a toda voz, después gruñendo con la ira de un volcán, saldría en busca de la penca de guano seca que guarda detrás de la puerta de la cocina. Con ella le asustaría cayéndoles detrás y caminaría despacio para no alcanzarles.
  • Deja que les coja carajo. - diría mi vieja.
Ellos  saltarían de un susto para salir  corriendo con una sonrisa a todo pulmón. Los veras perderse en el patio de atrás, ese que está lleno de hiervas medicinales.
Todas esas plantas que la abuela usa cuando llegan los catarros inesperados. Las malezas del estomago o problemas de la piel.

En su jardín botánico como yo le digo, tiene de todo para hacer milagros. La medicina natural acompaña a mi vieja de antaño. Es como una tradición familiar heredada de familia en familia. 

 Y mis niños correrán, al final  irán a encaramarse en la mata de mamoncillo que esta al final del patio. Ellos saben que la abuela allí no les alcanza.

Ella refunfuñara sin parar y ellos no entenderán porque de tanta molestia. Es que a veces olvidamos que son solo niños en la más bella edad.

Y se divierten con la abuela,  ella siempre tiene paciencia. Aunque la vida le juegue su trastada y tenga ganas de llorar. Aunque a veces ellos le colmen y un castigo merecido se busque los dos. 

Allí están felices en su inocencia, mientras yo me pregunto qué tal será mi día hoy en mi trabajo, la cosa esta muerta. Me gustaría saber si habrá una propina que llevar a casa. O si esta semana también marchare con las manos vacías. 
Ayer no vendimos ni un refresco, la gente no sale casi a comer fuera ó es que tal vez el cocinero a decaído en su sazón y la competencia va a millón. También existen temporadas altas y bajas, así es la vida como la marea puro mar. 

Allí siguen ellos escondidos, que estarán tramando aquellas dos estrellitas traviesas. Ellos viven su mundo sin preocupaciones, rápido olvidan una discusión entre ellos. Los vez abrazados nuevamente como buenos primos. Nosotros deberíamos aprender de ellos. Seriamos más felices pienso yo.

Allá entrando por la puerta veo a mi hermano, acaba de llegar, viene a  buscar a Manuel. Hoy vino más temprano que de costumbre. Trae cara de malos amigos, esta estresado, se le nota y de veras que cuando esta así la coge de mala gana.

Y ellos siguen escondidos allí, riéndose pícaramente entre sí y aquellos ojitos que se mueven de lado a lado, esperando ser descubiertos. De repente desaparecen aquellas cabecitas dentro de aquella lata y se escucha un rumorar entrelazados con una sonrisa escapada. 

Mi hermano que ya vio donde se  esconden va sacarles de su sueño infantil, de su juego creado.
  •  Coño Manuel mira que jodes coño, no te puedes meter en ese tanque chico, hoy para la cama de cabeza.
Aquella voz fuerte, aquel semblante lleno de furia, aquellas manos que lo levantan en peso sacándoles de aquel escondite imaginario, donde ellos pensaron que nadie les descubriría.

Y no es por culpa de Manuel que su papi está molesto, ni es por causa de su escondite tampoco. Y Manuel le mira y le tiemblan los labios, es solo un niño en su inocencia. Y su papá está molesto y mi pequeño Manuel no sabe si llorar, no se atreve, su padre enfurecería mucho más. Es que su padre le ha dicho que los hombres no lloran. 

Menudo error el de mi hermano, tal vez si cuando chico hubiera llorado más a menudo hoy entendería. El llanto a ayuda el alma. Y los hombres si pueden llorar, amar, reír, soñar. 

Allí está el observando a su padre y aquellos ojitos que hace unos minutos eran unas pequeñas cuentas de azabache llenas de travesuras se ven marchitos.  Y a mí me duele  que le duela a Manuel..!

Es que a veces sin darnos cuentas nos atormentamos con nuestros problemas, con nuestras frustraciones del día y no nos damos cuenta que aquel niño no entiende el porqué de nuestra angustia.
Es solo un niño en su mundo inocente, con aquellos ojitos traviesos escondido en el tanque de la abuela.

Recuerda siempre que el no te pidió venir al mundo, tu lo trajiste a este mundo, dale tu amor, no le hagas sentir que es un problema en tu vida. Hazle entender que es la felicidad de tus días.
A veces llegamos a casa extenuados del día a día y no es su culpa. El solo te está esperando por ti lleno de felicidad escondido en aquel tanque de la vieja. Y su bella inocencia le hace sentirse invisible.



Melba Mercedes Almeida – Azucala
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Con todo el cariño del mundo enciendo la llama de la esperanza..!

Una vela llena de amor y luz, donde renace la esperanza para llenar de fuerzas a todas aquellas personas que aun están luchando contra el cáncer.…! Voy a pedir también Para mi buena amiga Kirenia.* Por Elena …! La dueña del blog "Los secretos del baúl" * Por la escritora cubana Elena Tamargo.* Con la llama del amor venceremos batallas que creímos invencibles, caminaremos unidos hacia el nuevo horizonte. Y mi fuerza le dará a tu andar paciencia para creer en ti una vez más. subir imagenes También enciendo esta vela para los que quedaron en el camino y ya no están conmigo como mi padre Eugenio Almeida Bosque y mi tío Luis Guevara ...!

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