Buenos días amigos míos de este ciberespacio acaramelado. Un beso bien grande para todos, hoy he despertado algo despistada. Sera que que hoy esta nublado, hace algo de frió y extraño mi sol. También soñé tanto mientras dormía que no logro separar la realidad de la fantasía en estos momentos.
En mi viaje de regreso a Noruega de mi paseo por Berlín conocí a un piloto. Que cosas la que tiene la vida he soñado con el.
Lo conocí porque el estaba sentado en el sillín a mi lado, solos el y yo. Mientras nos acomodábamos poniéndonos los cinturones de seguridad y esperábamos que el avión iniciara su marcha, yo hacia una oración del padre nuestro por un buen viaje.
Es que a mi volar me pone la carne de gallina eso de estar por la nubes no es lo mio.
Al mirar hacia mi lado buscando algo en que entretener mi vista encontré el rostro de aquel hombre “Que hombre, que macho, varón masculino”. Aquel cabello rubio, picoteado al descuido pero bello. Sus ojos azules bien formados y penetrantes. Adornados con aquellas cejas bien formadas y varoniles en una palabra bellas. Su vista tropezó con la mía. Cambiando mi mirada seguí recorriendo aquel desconocido, deteniendo mi mirada en aquellos muslos gruesos bien formados. Ya hasta se me había olvidado el temor que me da la espera a que el avión despegue y alce su vuelo.
Le pregunte de donde era, no podía contenerme ante aquella obra de arte de la naturaleza. El me respondió con una sonrisa que era de Noruega, de un pueblo llamado Tromsø, mi curiosidad era cada vez más inmensa y seguí preguntando y el contestando.
Ya estábamos en el aire y yo ni me había percatado. Era tan agradable la compañía de aquel desconocido. El me pregunto cual era mi nombre le dije y le dije más. El me dijo que su nombre era Jon, de repente aquel avión fue sacudido por una leve turbulencia y su mano tomo la mía. Que manos tan bien hechas, cuanto sentir de hombre en aquel pequeño roce acompañado de aquella voz que entraba en mi ser, explicando que no debía temer que la turbulencia pasaría.
Le pregunte como sabia tanto, fue allí donde me comento que iba en camino a un curso y que era piloto. Sin saber como llegamos a nuestro destino, todo fue tan rápido y tan corto el rose de aquellas manos.
Pero ayer soñé con el, te diré que el sueño fue más que maravilloso. Soñé que estaba en el mismo avión y que el estaba a mi lado tomando mi mano. Pero los dos estábamos en la cabina de pilotaje y allí me hizo el amor mientras dirigía el vuelo. Hicimos turbulencias en el cielo al llegar al orgasmo, fue tan placentero amarlo en las nubes. Que pecado más tierno en aquel sueño inconcluso que no pude saber el final, porque mi hija me despertó para despedirse de mi, porque iba a la escuela.
Hay sueños que hacen tanto bien. Soñé con el, con aquel piloto desconocido que agarro mi mano cuando volamos en aquel avión con destino a Noruega fue maravilloso. Espero mañana poder volver a soñar con aquel piloto y saber que paso al final.
Melba Mercedes Almeida - Azucala

