Hay hombres que cuando niño fueron alimentados por la vanidad de sus padres.
Viviendo su juventud en la insensatez, del que yo se todo antes de que estuviera escrito.
Llegan a la madures corrompidos por el narcisismo, inculcando a los otros hombres sus pensamientos erróneos, hiriendo al mundo con sus mezquindades.
Llegan a la vejes equivocados, aunque se creen que estuvieron siempre en lo cierto.
Al final mueren sin saber que eran unos idiotas porque nadie les dijo o porque parecían de sordera.
Entregándoles a sus hijos la herencia de sus ideas.
Melba Mercedes Almeida - Azucala
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